POR DON JORGE BASADRE G.
Estamos además, muy cerca, como tantos otros lo están, por lazos de
parentesco próximo o lejano o, sencillamente, de terruño y de tradición, de
convivencia y de cordialidad que se proyectan, en unos casos a muchas y, en
otros a pocas generaciones, a los Caqui, Quea y Lanchipa, aborígenes de esas
tierras desde tiempo inmemorial; y a los Pizarro que descienden de los primeros
pobladores españoles. A los Cutipa, a los Mamani, a los Cusicanqui, oriundos de la
campiña. A las dinastías democráticas de los Rejas de Pachía. A los Ticona, uno de
los cuales le dijo en 1925, cara a cara, al Embajador de Estados Unidos en
Santiago, lo que ocurría con los tacneños y ariqueños. A los de Zela, presentes
siempre en el recuerdo y en el orgullo de los tacneños, a los señoriales y
desaparecidos Rospigliosi, a los Pomareda, a los Vigil, a los Villena, a los Vildoso,
a los Carbajal, a los Eyzaguirre, a los Albarracín, a los Cáceres, a los Céspedes, a
los Nalvarte, a los Marín, a los González, a los Santana, a los Taillacq, a los
Sañudo, a los Quelopana, a los Auza, a los Arce, a los Salieres, a los Salinas, a los
Molina, a los Gómez, a los Valverde, a los Jiménez, a los Correa, a los Barrete, a
los Quina, a los Landa, a los Robles, a los Mantilla, a los Martínez, a los Quijano, a
los Freyre, a los Benavides, a los Zevallos, a los Zegarra, a los Vásquez, a los
Saravia, a los Barrios, a los Berríos, a los Mena, a los Marca, a los Liendo, a los
Castañón, a los Gil, a los Téllez, a los Saona, a los Valdés, a los Zapata, a los
Vargas, a los Méndez, a los Butrón, a los Bustíos, a los Beytía, a los Girón, a los
Sologuren, a los Fábrega, a los Oviedo, a los Allende, a los Vera, a los Osorio, a los
Sotomayor, a los Barrón, a los Palza, a los Portocarrero, a los Valle Riestra, a los
Linares, a los Paniagua, a los Carrasco, a los Inclán, a los Vidal, a los Hurtado, a
los Arias, a los García, a los Dávila, a los Céspedes, a los Siles, a los Manzanares,
a los Palomino, a los Diez, a los Pastrana, a los Montero la, todos ellos y otros, a
ellos equiparables, con raigambre en la ciudad y en sus aledaños. A los
Cornejo que son muchísimos y entre ellos hay morenos y blancos y bellas
mujeres. A los Vega, que son de Tarata pero con muchas ramificaciones en
Tacna. A los que descienden de alemanes como los Vischer, los Wiesse, los
Freuden-hammer, los Neuhaus, los Falkenheimer, los Thiel, los Koster, los Riesle,
los Koch, los Reliman, los Burchardt. A los que descienden de ingleses como los
Stevenson, los Campbell, los Ledgard, los Finlayson, los Harrison, los Nugent, los
Utram, los Jones, los Page, los Salkeld. A los que descienden de franceses como
los Bebin, los Metraux. A los que descienden de italianos como los Cafferata, los
Bacigalupo, los Bocardo, los Capellino, los Cavagnaro, los Carlevarino, los Viacava,
los Raffo, los Rebosio, los Bocchio, los Lombardi, los Ferrari, los Bollo, los Cassareto,
los Pescetto, los Luzio, los Vaccaro, los Banchero, los Muzzo, los Tavolara, los
Trabucco, los Solari. A los que descienden de españoles como los Casanova, los
Pons, los Irriberry, los Gallegos, los Espada, los Lapeyre. A los que reposan en el
cementerio de la ciudad; o en la senda de las recuas en el tráfico a Bolivia; o en
las pampas que aguardan en vano con las fauces abiertas, desde hace siglos, la
irrigación; o en el campo de Intiorco a donde se arrojó a los muertos por la
fiebre amarilla en 1869 y a donde se luchó no sólo en 1880 sino también en la
guerra civil de 1842. A los que no vieron otro horizonte que el del paisaje local y
en él se quedaron como habiendo echado raíces, y a los que fueron aventados
por el ciclón de las discordias internacionales a lejanos parajes para lograr en
unos cuantos casos la prosperidad y la mayoría de las veces, la mediocridad o
la miseria. A los que fallecieron pronto con la ilusoria aureola de juventud o a los
que murieron demasiado tarde. A los que vieron y protagonizaron las luchas por
la independencia, las discordias, las facciones, la guerra del Pacífico, la
ocupación, la entrega mutilada de 1929, el abandono, después de ella, el
renacimiento demasiado fugaz y no esencial, las ulteriores y tenaces
negligencias y las siempre vivas esperanzas de progreso y desarrollo.
Como una gota fui de la marea la playa me hizo grano de la arena. Fui punto en multitud por donde fui nadie me detectó y así aprendí. Cuando creí colmada la tarea volví mi corazón a Casiopea. Cumplí celosamente nuestro plan: por un millón de años esperar. Hoy llevo el doble dando coordenadas pero nadie contesta mi llamada. ¿Qué puede haber pasado a mi señal? ¿Será que me he quedado sin hogar?. Hoy sobrevivo apenas a mi suerte, lejano de mi estrella de mi gente.
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martes, 14 de febrero de 2012
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