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martes, 14 de febrero de 2012

APELLIDOS TACNEÑOS

POR DON JORGE BASADRE G.


Estamos además, muy cerca, como tantos otros lo están, por lazos de

parentesco próximo o lejano o, sencillamente, de terruño y de tradición, de

convivencia y de cordialidad que se proyectan, en unos casos a muchas y, en

otros a pocas generaciones, a los Caqui, Quea y Lanchipa, aborígenes de esas

tierras desde tiempo inmemorial; y a los Pizarro que descienden de los primeros

pobladores españoles. A los Cutipa, a los Mamani, a los Cusicanqui, oriundos de la

campiña. A las dinastías democráticas de los Rejas de Pachía. A los Ticona, uno de

los cuales le dijo en 1925, cara a cara, al Embajador de Estados Unidos en

Santiago, lo que ocurría con los tacneños y ariqueños. A los de Zela, presentes

siempre en el recuerdo y en el orgullo de los tacneños, a los señoriales y

desaparecidos Rospigliosi, a los Pomareda, a los Vigil, a los Villena, a los Vildoso,

a los Carbajal, a los Eyzaguirre, a los Albarracín, a los Cáceres, a los Céspedes, a

los Nalvarte, a los Marín, a los González, a los Santana, a los Taillacq, a los

Sañudo, a los Quelopana, a los Auza, a los Arce, a los Salieres, a los Salinas, a los

Molina, a los Gómez, a los Valverde, a los Jiménez, a los Correa, a los Barrete, a

los Quina, a los Landa, a los Robles, a los Mantilla, a los Martínez, a los Quijano, a

los Freyre, a los Benavides, a los Zevallos, a los Zegarra, a los Vásquez, a los

Saravia, a los Barrios, a los Berríos, a los Mena, a los Marca, a los Liendo, a los

Castañón, a los Gil, a los Téllez, a los Saona, a los Valdés, a los Zapata, a los

Vargas, a los Méndez, a los Butrón, a los Bustíos, a los Beytía, a los Girón, a los

Sologuren, a los Fábrega, a los Oviedo, a los Allende, a los Vera, a los Osorio, a los

Sotomayor, a los Barrón, a los Palza, a los Portocarrero, a los Valle Riestra, a los

Linares, a los Paniagua, a los Carrasco, a los Inclán, a los Vidal, a los Hurtado, a

los Arias, a los García, a los Dávila, a los Céspedes, a los Siles, a los Manzanares,

a los Palomino, a los Diez, a los Pastrana, a los Montero la, todos ellos y otros, a

ellos equiparables, con raigambre en la ciudad y en sus aledaños. A los

Cornejo que son muchísimos y entre ellos hay morenos y blancos y bellas

mujeres. A los Vega, que son de Tarata pero con muchas ramificaciones en

Tacna. A los que descienden de alemanes como los Vischer, los Wiesse, los

Freuden-hammer, los Neuhaus, los Falkenheimer, los Thiel, los Koster, los Riesle,

los Koch, los Reliman, los Burchardt. A los que descienden de ingleses como los

Stevenson, los Campbell, los Ledgard, los Finlayson, los Harrison, los Nugent, los

Utram, los Jones, los Page, los Salkeld. A los que descienden de franceses como

los Bebin, los Metraux. A los que descienden de italianos como los Cafferata, los

Bacigalupo, los Bocardo, los Capellino, los Cavagnaro, los Carlevarino, los Viacava,

los Raffo, los Rebosio, los Bocchio, los Lombardi, los Ferrari, los Bollo, los Cassareto,

los Pescetto, los Luzio, los Vaccaro, los Banchero, los Muzzo, los Tavolara, los

Trabucco, los Solari. A los que descienden de españoles como los Casanova, los

Pons, los Irriberry, los Gallegos, los Espada, los Lapeyre. A los que reposan en el

cementerio de la ciudad; o en la senda de las recuas en el tráfico a Bolivia; o en

las pampas que aguardan en vano con las fauces abiertas, desde hace siglos, la

irrigación; o en el campo de Intiorco a donde se arrojó a los muertos por la

fiebre amarilla en 1869 y a donde se luchó no sólo en 1880 sino también en la

guerra civil de 1842. A los que no vieron otro horizonte que el del paisaje local y

en él se quedaron como habiendo echado raíces, y a los que fueron aventados

por el ciclón de las discordias internacionales a lejanos parajes para lograr en

unos cuantos casos la prosperidad y la mayoría de las veces, la mediocridad o

la miseria. A los que fallecieron pronto con la ilusoria aureola de juventud o a los

que murieron demasiado tarde. A los que vieron y protagonizaron las luchas por

la independencia, las discordias, las facciones, la guerra del Pacífico, la

ocupación, la entrega mutilada de 1929, el abandono, después de ella, el

renacimiento demasiado fugaz y no esencial, las ulteriores y tenaces
negligencias y las siempre vivas esperanzas de progreso y desarrollo.